BUENO, ESTE ES UN TEXTO QUE ESCRIBÍ HACE UN TIEMPO, CUANDO ESTABA DEPRIMIDA (YA SE SABE QUE LOS MEJORES TEXTOS SALEN DE LOS PEORES MOMENTOS) EN FIN ESPERO QUE GUSTE :)
Ha muerto la última esperanza.
Aquel rayo de sol que se filtraba entre los oscuros nubarrones que amenazaban con destruir una vida con una ventisca, aquel rayo de sol, ha sido ocultado por las nubes. Ha sucumbido ante su fuerza y poder de destrucción.
Una grieta… una grieta ha surgido en lo más hondo de un corazón, y ha hecho que el tu-tum del dulce corazón deje de sonar para siempre.
Una grieta… una grieta se ha expandido por una máscara de porcelana blanca, rompiéndola en dos, y dejando entrever tras de sí, el rostro gris ceniza de una niña que ha perdido su última esperanza. El rostro de una joven dama, que aspiraba a superar sus obstáculos, conducida de la mano de su misterioso acompañante de blanco. Pero el hombre de rostro sincero se ha perdido en el camino de guía, al ver que el rayo de sol, perdido entre las nubes, ha dejado de alumbrarle el oscuro y sinuoso camino.
El hombre ha desaparecido, consumido en las cenizas de su propia carne. Polvo al polvo.
La niña, desesperada, trata de arrancarse de su frágil rostro los fragmentos de la máscara que siguen adheridos a su piel. Sigue estirando, con fuerza. Llora lagrimas de sangre del dolor que siente, al notar que la máscara se lleva consigo su piel. Poco a poco, la cara sutil y débil de una niña, se va transformando en una monstruosidad. Lo que la falta de luz le ha hecho. Se ha dejado llevar por el pánico de la soledad, la incertidumbre de verse sola sin gente que la guie, que la ayude. No ha sabido superar ella sola los obstáculos que la vida le ha puesto delante. Se ha rendido demasiado pronto, no ha sabido luchar.
Pero su corazón no estaba intacto cuando aquella grieta lo convirtió en un simple montón de cristales en lo hondo de sus entrañas. Su corazón era también débil. Estaba herido. Trataba de sanarse de las heridas que las punzantes espinas de las rosas, regaladas por sus traicioneros amantes, le dejaban cada noche en la cama, después de usarla cual marioneta de trapo.
Ahora, aquel hombre, aquel amante silencioso que nunca tocó de ella más allá de la mano que le sostenía para guiarla, ha desaparecido también.
Y la niña ya se ha quitado la máscara. Esa máscara que todos llevamos para ocultarnos. Pero al arrancársela contra su voluntad, también se ha llevado consigo toda la pureza que había en su cuerpo. Su rostro, antes suave, perfecto, rodeado de belleza y de un aura de pureza que se percibía incluso en la oscuridad, se ha convertido en una masa de carne, ensangrentada, en carne viva. El dolor la ha hecho caer al suelo.
Trata de arrastrarse como puede, pero la cara le arde al contacto con la rugosidad del suelo sin pavimentar. Se ha arrancado las uñas al estirar de la máscara. Tiene las manos destrozadas. Solo llora, gime, y suplica en una enfermiza voz a su hombre perdido. Le ruega en el silencio de la mente que la recoja del suelo y la lleve a un lecho. Que la ame como nadie la ha amado. Le dice también que él, su guía silencioso, había sido siempre su gran amor, pero por temor a que le apartara su mano siempre se lo había callado. Siempre le había mirado desde detrás. Contemplando su cabello, el lazo de su antifaz anudado a su nuca. El contacto de su mano con el guante negro aterciopelado de él. Nunca había tocado su piel. Nunca había recibido de sus labios más que palabras de ánimo. Pero la niña siempre le había amado. Desde el primer momento en que él descendió del rayo de sol.
Él era su luz. ¿Qué fue lo que la hizo desaparecer? ¿Quién fue el que mató a su luz, a su hombre, a su único y verdadero amor?
Mírala, ahí tendida en el suelo, suplicando ayuda en un mundo donde no ve ni sus propias lágrimas. ¿Para qué vivir así? ¿¡PARA QUÉ!?
Arráncate los ojos niña, para no ver el dolor que te está causando su pérdida. Desgárrate los oídos para no escuchar el silencio que ha dejado su ausencia. Pero mantén tu boca, para poder gritarle al cielo el dolor que desgarra el hueco que tu corazón te ha dejado en el pecho. Mantén la boca para expresarle a la soledad lo que se siente. Para gritar.
Mírala, ahí tendida en el suelo. Ya ni siquiera suplica, ya ni siquiera llora. Es ciega, ya no puede ver a quien la usa. Es sorda, ya no puede oír las palabras que la hieren. Pero no es muda, aún le queda la esperanza de seguir llamando eternamente a aquel hombre…A aquél que había sido su guía, a aquel rayo de sol, que brillante, se abría paso a través de las nubes.
Puede que un día, de las cenizas a las que desesperadamente se agarra, renazca cual fénix eterno, la esbelta silueta de aquel hombre. Puede que él la encuentre de nuevo, para volver a guiarla…
Pero cuán inmenso será su desconcierto al ver que la bella niña a la que dejó no ha sabido sobrevivir sin él. Cuán inmensa será su pena al hallar el cuerpo lacio, sin vida de aquella niña de cabellos oscuros.
Es una lástima que algunos seres no sepamos sobrevivir en este mundo sin la mano de una persona. Pero en realidad, todos necesitamos de todos…
Pues era el amor de la niña lo que ayudaba al misterioso hombre a avanzar un paso cada día y no tropezar. Él mismo percibía todo el amor que ella le sentía. Pero la gente usó demasiado a esa niña, y llegó un momento en que ella dejó de quererse a sí misma, y al dejar de quererse a sí misma, dejó de amar. Se sentía sucia, infravalorada. Pensaba que no era más que un muñeco para saciar las necesidades de los hombres. No fue la soledad lo que mató a los silenciosos amantes, fue la misma sociedad, que los usó hasta el punto de romper un corazón.
